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martes, 6 de noviembre de 2012

Las 11 leyes de la Quinta Disciplina





1. Los problemas de hoy derivan de las soluciones de ayer

Las soluciones que simplemente desplazan los problemas a otra parte de un sistema a menudo pasan inadvertidas porque quienes resolvieron el primer problema no son los mismos que quienes heredan el nuevo.

2. Cuanto más se presiona, más presiona el sistema

Hay muchos ejemplos a nivel personal de la realimentación compensadora, que no se limita a los sistemas grandes, como la persona que deja de fumar, engorda, sufre una pérdida de autoestima y comienza a fumar de nuevo para aliviar el estrés. Cuando nuestros esfuerzos iniciales no producen mejoras duraderas, presionamos, al credo de que el mayor empeño superará todos los obstáculos, sin ver que nosotros mismos estamos contribuyendo a crear más obstáculos.

3. La conducta mejora antes de empeorar

La realimentación compensadora habitualmente implica una demora, un paréntesis entre el beneficio de corto plazo y el perjuicio de largo plazo. Una solución típica luce maravillosa cuando cura los síntomas. Pueden pasar dos, tres o cuatro años hasta que regrese el problema, o surja un problema nuevo y peor. Para entonces, habrá otro sujeto sentado en el sillón de las decisiones.

4. El camino fácil lleva al mismo lugar

Todos nos sentimos cómodos aplicando soluciones típicas a los problemas, ateniéndonos a lo conocido. Si la solución fuera visible u obvia para todos, tal vez ya la hubieran encontrado. La insistencia en soluciones conocidas mientras los problemas fundamentales persisten o se empeoran es un buen indicador de pensamiento asistémico, lo que a menudo llamamos el síndrome del aquí se necesita un martillo más grande.

5. La cura puede ser peor que la enfermedad


La consecuencia más insidiosa de la aplicación de soluciones asistémicas es que esas soluciones se necesitan cada vez más. Por eso las intervenciones gubernamentales mal concebidas no son sólo ineficaces sino adictivas, en el sentido de que incrementan la dependencia y reducen la aptitud de la comunidad local para resolver sus propios problemas. Toda solución de largo plazo debe, fortalecer la aptitud del sistema para sobrellevar sus propias cargas.

6. Lo más rápido es lo más lento

Es la vieja historia: la tortuga es más lenta pero gana la carrera. El pensamiento sistémico es más desafiante y más auspicioso que nuestra manera habitual de abordar los problemas.

7. La causa y el efecto no están próximos en el tiempo y el espacio

La mayoría suponemos, la mayor parte del tiempo, que causa y efecto están próximos en el tiempo y el espacio. Hay una disparidad fundamental entre la naturaleza de la realidad de los sistemas complejos y nuestros modos predominantes de pensar sobre esa realidad. El primer paso para corregir esa disparidad consiste en abandonar la noción de que causa y efecto están próximos en el tiempo y el espacio.

8. Los cambios pequeños pueden producir resultados grandes, pero las zonas de mayor apalancamiento a menudo son las menos obvias

Algunos denominan al pensamiento sistémico la nueva ciencia del desconsuelo, pues enseña que las soluciones más obvias no funcionan. Afrontar un problema dificultoso a menudo requiere ver dónde se encuentra el punto de apalancamiento, un cambio que con mínimo esfuerzo llevaría a una mejora significativa y duradera. No hay reglas sencillas para efectuar cambios de alto apalancamiento, pero hay modos de pensar que los facilitan. Un punto de partida consiste en aprender a ver estructuras subyacentes en vez de hechos. Otro punto de partida consiste en pensar en procesos de cambio y no en instantáneas.

9. Se pueden alcanzar dos metas aparentemente contradictorias

A veces, los dilemas más enredados dejan de ser dilemas cuando se ven desde la perspectiva sistémica. Son producto de un pensamiento por instantáneas y no por proceso, y aparecen bajo una nueva luz cuando se piensa conscientemente en el cambio a través del tiempo.

10. Dividir un elefante por la mitad no genera dos elefantes pequeños


La comprensión de la mayoría de los problemas administrativos requiere ver la totalidad del sistema que genera dichos problemas. A veces la gente decide dividir un elefante en dos. En tal caso no obtiene dos elefantes pequeños, sino un un problema arrevesado donde no hay apalancamiento posible, porque el punto de apalancamiento se halla en interacciones que no se pueden ver examinando sólo un fragmento.

11. No hay culpa

Solemos culpar a las circunstancias externas por nuestros problemas. Alguien los competidores, la prensa, el ánimo inconstante del mercado, el gobierno, nos perjudicó. El pensamiento sistémico muestra que no hay nada externo; nosotros y la causa de nuestros problemas formamos parte de un solo sistema. La cura radica en la relación con nuestro enemigo.

jueves, 1 de noviembre de 2012

¿POR QUÉ COMPRENDER CÓMO FUNCIONAN LOS SISTEMAS?


*El ser humano es un sistema.

*Las empresas y las organizaciones son sistemas.

*Vivimos como un sistema, en un mundo que es un sistema, lleno de sistemas. 
*Para actuar con precisión y eficiencia en el mundo, necesitamos técnicas, métodos y herramientas adecuadas, para la comprensión y el manejo de sistemas. De esto trata el pensamiento sistémico.
*A medida que nuestro mundo se interconecta, es cada vez más posible que acontecimientos lejanos nos afecten. 
*Cada vez se dispone de más información y menos asesoramiento sobre lo útil. 
*Sin las herramientas necesarias para discernir, la confusión está servida.
*Podemos mantener la ilusión del control absoluto sobre algo. De pronto ese algo parece como si tomara toma vida propia y escapa a todo control.
*Con frecuencia ante tanta complejidad nos sentimos impotentes. 
*No sabemos cómo, en qué actuar, ni en qué dirección hacerlo.
*Los expertos, los políticos, empresarios, que tendrían que resolver los problemas ambientales, sociales, económicos... Lo que suelen hacer en muchos casos con la mejor de las intenciones, es empeorar aun más las situaciones por el desconocimiento del funcionamiento de los sistemas.

Conciencia! El sistema climático.

¿Que pasa con el sistema climático? vídeo informativo.




Leo Murray
Royal College of art 2008 ©

martes, 30 de octubre de 2012

¿Qué ocurre cuando no hay “pensamiento sistémico”?



La parábola de los ciegos y el elefante es un breve y antiguo cuento de origen hindú, que se ha difundido notablemente por su valor metafórico.
Ha sido utilizado en infinidad de oportunidades para ilustrar las dificultades que podemos tener en un momento determinado para conocer la totalidad de la realidad.
En este caso, quiero compartirlo como ejemplo del efecto que tienen tus paradigmas a la hora de analizar una situación:
En aquel pueblo vivían seis hombres ciegos, que un día fueron sorprendidos por un elefante.
Como no podían verlo, decidieron “analizarlo” palpando el cuerpo del animal.
Cada ciego tocó una parte diferente del elefante y después cada uno opinó sobre sus sensaciones:
El que tocó la pierna dijo “el elefante es como una columna”.
El que tocó la cola dijo “es como una cuerda”.
El ciego que tocó la trompa dijo “es como una rama de un árbol”.
El que tocó la oreja dijo “es como un abanico”.
El que tocó el vientre dijo “es como una pared”.
Y el ciego que tocó el colmillo dijo “es como un tubo sólido”.
Un sabio que pasaba cerca escuchó la discusión y decidió acercarse para decirles:
“Todos tienen razón. El elefante tiene todas las características que indican. Pero ninguno podrá entender cómo es un elefante, porque cada uno solo ha tocado una parte de él.”
Como has podido darte cuenta, nuestras opiniones siempre estarán sesgadas por nuestros propios paradigmas, a menos que compartamos el proceso de aprendizaje con otras personas. Ellas siempre verán “otras partes del elefante”, que no están al alcance de los sesgos o prejuicios que tenemos del mundo.